Celebración penitencial. ¿Qué te falta…?

1. Diálogo

Comenzamos la celebración con un diálogo, invitando a los jóvenes a decir qué esperan de la celebración que están comenzando, qué sentido tiene para ellos.

2. Monición

Mañana recibiremos el sacramento de la Confirmación. Para muchos, esto se parece a una graduación: una hermosa fiesta con la que culmina (termina) un tiempo de formación.

Tú, Señor, nos ofreces algo más grande: un paso adelante en el camino de seguirte. Tú nos invitas a escuchar tu Palabra que nos llama, recibir tu Espíritu que nos alienta, acercarnos más a ti, para recorrer contigo el camino de la vida. Para vivir unidos a Ti, para construir comunidad, para descubrir tu Vida y transmitirla. 

En esta tarde estamos ante Ti, y te pedimos que nos ayudes a responder. Que nos ayudes a despejar nuestro camino de los obstáculos que nos impiden seguirte. Que nos ayudes a abrir cauce a tu amor en nuestras vidas, que a veces están atascadas en el desencanto, el egoísmo o mil cosas que nos distraen. Con sencillez y lucidez para reconocer nuestras dificultades, con confianza en tu amor entrañable que nos perdona y acoge, y aún más: sana nuestro corazón y nos anima a seguirte.

3. Oración

Quiero, Señor Jesús, hacer de tu Evangelio un camino para mi vida;
quiero amar tu voluntad de todo corazón.
Quiero ser discípulo tuyo y ponerme a tu escucha cada día;
quiero hacer de tu Palabra la luz que me guíe, paso a paso.

Tu Palabra de verdad alumbra mis pasos por el sendero;
en Ti he puesto mi esperanza día y noche;
con todo el corazón quiero empeñarme en seguir tus enseñanzas
y que mis caminos sean siempre tus caminos.

Enséñame sabiduría y aprenderé a ser libre y feliz;
enséñame prudencia y aprenderé a situarme en la vida;
enséñame los secretos del corazón del Padre
y aprenderé a vivir desde lo profundo de mi existencia.

Tu Palabra nos enseña a amar la verdad y rechazar la mentira;
tu Palabra nos enseña a amar hasta las últimas consecuencias;
tu Palabra nos enseña a cultivar un corazón libre y solidario;
tu palabra nos enseña a buscar la justicia entre los pueblos y las personas.

Mantén nuestro corazón firme en tu amistad;
que tu Palabra sea siempre la alegría de nuestro corazón;
que nos inclinemos siempre a seguir tu ejemplo;
y que busquemos en tu Evangelio el camino de la salvación.

                                                        (Inspirado en el Salmo 18)

4. Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 10, 17-22)

17Cuando Jesús se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:

—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar vida eterna?

18 Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. 19 Conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no jurarás en falso, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre.

20 Él le contestó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.

21 Jesús lo miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta: ve, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme.

22 Ante estas palabras, se llenó de pena y se marchó triste; porque era muy rico.

Algunos links en este Evangelio:

Para comentar el Evangelio, se pueden proponer estos tres textos, que se pueden colocar, en la hoja que se dé a los jóvenes, en nota a pie de página

Incidir también en algunos detalles del texto: el hecho de que ese joven “lo tiene todo” (es joven, rico y ha cumplido las expectativas), pero en realidad “le falta todo” (El “una cosa te falta” es el ponerlo todo en juego. También la mirada de Jesús, con amor. Y el hecho de que marcha triste, a diferencia de los que se encuentran verdaderamente con Jesús, que se llenan de alegría.

– (Casi) la misma escena, con final en fiesta: Mc 2,14-17 (Leví)[1]

– Otro que “lo tenía todo”, pero dijo que sí: Flp 3, 4-14 (Pablo)[2]

– Uno que le costaba “arrancar”: “Creo, ayúdame en mi poca fe” (Mc 9, 24)


[1] “Al pasar Jesús, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de los impuestos, y le dijo: “Sigueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras estaba comiendo en su casa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban a la mesa con Jesús…Jesús respondió: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores

[2] “Yo podría apoyarme en tales cosas. Nadie tendría más razones que yo para confiar en ellas…pero lo que para mí era ganancia, lo consideré, por Cristo, pérdida. Más aún, todo lo considero pérdida, comparado con el conocimiento de Cristo… Lo que quiero es conocer a Cristo, y sentir en mí el poder de su resurrección, y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a Él… sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, como Cristo me alcanzó” 

5. Examino mi interior, mi vida. ¿Qué me falta? (o qué me sobra)

– ¿Me falta paz? ¿Me sobra violencia o agresividad?

– ¿Me falta respeto hacia los demás?

– ¿Me falta capacidad de escucha?

– ¿Me falta comunicación (con mis amigos, con mi familia…)?

– ¿Me falta comprensión con los demás? ¿Me sobran actitudes de crítica…?

– ¿Me falta sensibilidad y atención a los demás?

– ¿Me falta sinceridad? ¿Me sobran apariencias?

– ¿Me falta respeto hacia los demás, o hacia mí mismo, en lo relacionado con la sexualidad?

– ¿Falta orden en mi vida?

– ¿Me falta responsabilidad (en el estudio, en el trabajo…)?

– ¿Me falta capacidad de esfuerzo y de compromiso?

– ¿Me falta generosidad? ¿me falta capacidad de compartir, de ayudar…?

– ¿Me falta conciencia de los problemas de la sociedad, de la ecología…?

– ¿Me falta capacidad para reconocer mis errores, para asumir mi realidad? ¿Me sobra orgullo, vanidad…?

– ¿Me falta esperanza? ¿Me sobran quejas, desánimo, amargura?

– ¿Me falta fe? ¿Me falta oración, trato con Dios, confianza en Él?

– ¿Me falta capacidad de buscar y responder a Dios de verdad, de “ir a la raíz” (radicalidad)?

6. Confesión

7. Oramos juntos: Padre nuestro…

8. Imposición de la cruz

Al dar gracias a Dios por su perdón, acogemos la invitación de Jesús a seguirle. Y tomamos la cruz, signo de nuestro compromiso con Él. Yo os la entrego a todos, con una oración, y la impondré a uno o dos de vosotros, a quien quiera acercarse. Y la vais imponiendo cada uno a otro, transmitiéndoos así la invitación a seguir al Señor. Y en ese momento de imponer la cruz, podéis también, cada uno, si queréis, añadir una palabra personal a este gesto.

Sacerdote: Recibid la cruz, la señal del cristiano, el signo de hasta dónde llega el amor de Dios y de lo que Él ha hecho para ofrecernos una vida nueva. Llevadla como signo de vuestro vínculo con Cristo. Que la cruz del Señor os inspire, ante toda dificultad. Que el amor del Señor sea vuestra fuerza y vuestro apoyo, en toda vuestra vida.

9. Bendición final

Terminamos cantando o rezando a María

El explorador (epílogo que no deseamos)

El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos por saberlo todo acerca del Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresar con palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas del río?

Y les dijo: «Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puede sustituir al riesgo y a la experiencia personales». Pero, para orientarles, les hizo un mapa del Amazonas.

Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el Ayuntamiento. E hicieron copias de él para cada uno. Y todo el que tenía una copia se consideraba un experto en el Amazonas, pues ¿no conocía acaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuán ancho y profundo era, y dónde había rápidos y dónde se hallaban las cascadas?

El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa. Habría sido preferible no haberlo hecho.

                                   (Tony de Mello)

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