Taller-Catequesis «Cristo, agua viva»

“Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente” Cf. Jn 4,14 – PFidei, 3.

Motivación

En una sala bien acondicionada, se puede proyectar con el cañón la imagen de un pozo. O también se puede colocar en el medio una jarra de agua llena de agua junto a unos vasos vacíos, llenos y a la mitad. Si se prefiere ambas cosas.

Para motivar a los jóvenes se les puede hacer unas preguntas: ¿Qué cosas son las que anhelas, las que deseas? ¿De qué cosas tienes sed? Cuando las consigues, ¿Se calma la sed o comienzas a tener sed de otras cosas?

Acercamiento

Una vez dejado un tiempo para reflexionar y compartir, se escucha el relato del encuentro de Jesús con la Samaritana: Jn 4, 5-15.

Escuchado el texto del Evangelio, la persona encargada de la catequesis hace hincapié en como Jesús es “como esa imagen impresionista”, de la que aprendemos a ver formas, colores, trazos que nos inspiran y evocan una figura que nunca terminamos de descubrir en toda su riqueza. Y, sin embargo, esos mismos colores, esa forma intuida, ese perfil indefinido está lleno de fuerza. Inspira, sugiere, invita, llama, provoca, reta, acoge, cura, ilusiona, asusta, sorprende, emociona, limpia.

Desde Teresa de Jesús

Se presenta la experiencia de Teresa de Jesús desde el Evangelio escuchado y el preferido por ella.  Este evangelio fue particularmente significativo en su vida. Santa Teresa se encontró con el agua que nace del manantial interior -Dios- que es el agua viva.

«¡Oh, cuantas veces me acuerdo del agua viva de la que le hablo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel Evangelio; y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde muy niña lo era (aficionada a ese Evangelio) y suplicaba muchas veces al Señor que me diera aquella agua, y la tenía dibujada (la imagen) adonde estaba siempre, con este letrero, de cuando el Señor llegó al pozo: «Señor, dame de esa agua»                     (Vida 30,19)

«Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque el alma entiende su gran valor, y aunque es sed penosísima que fatiga, trae consigo la misma satisfacción con que se mata aquella sed, de manera que es una sed que no ahoga sino a las cosas terrenas, antes la llena de manera que, cuando Dios la satisface, el mayor regalo que puede hacer al alma es dejarla con la misma necesidad, y mayor queda siempre de tornar a beber esta agua» (Camino de Perfección 19, 2).

Interiorizando

Desde lo escuchado en el Evangelio y desde las palabras de Santa Teresa, se invita a los jóvenes a retomar las respuestas que escribieron en el papel y compartir. Terminado el compartir (hablando o escribiendo en un gran papel que hace de mantel de la jarra y de los vasos) se lee otro pequeño comentario que hace Santa Teresa acerca del pasaje de la Samaritana y de nuestras vidas:

«Mas véase como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y que con ninguna se le quitaría, ni quiere que se le quite, si no es con la que dijo nuestro Señor a la Samaritana, y eso no se lo dan». (Moradas 6, 11,5)

Se puede recordar que la persona que se acerca a Jesús y experimenta su amistad y su entrega, queda “como pillada” de su amistad. Es como si se despiertan dentro de su interior  capacidades, sentimientos, emociones desconocidas, y de cómo su vida puede ir tomando un nuevo camino y ya no tiene vuelta atrás.

Se recuerda también que lo esencial del caso de Teresa es que también ella, después de años de resistencia y búsqueda se encontró a Cristo en pleno camino de la vida. Ya no en los libros,  o en la historia lejana del Señor, sino en la vida de Teresa misma, en su propia historia de salvación.  A partir del encuentro decisivo con Jesucristo, a Teresa se le llena el alma de «certezas» que dan un nuevo sentido a su vida.

Cuestionando

Es aconsejable realizar la siguiente parte de la catequesis en la capilla, previamente acomodada para la ocasión. Se puede poner de fondo sonidos de agua, y se puede colocar en el centro un “pozo” realizado con cartulina o de otro material para la ocasión. O simplemente una jarra de agua con unos vasos.

Sentados y acomodados el catequista invita a los jóvenes a realizar un momento de oración desde el Evangelio de la Samaritana, para ello se lee nuevamente.

Una vez proclamado el Evangelio la persona encargada de la catequesis guía el momento orante de la siguiente manera:

  • Imagina por un momento que vas de camino hacia el pozo y te encuentras con Jesús.
  • Piensa en el dialogo que tienes con él: ¿qué hace? ¿Qué le dices? ¿qué te dice?
  • Te hace una invitación especial, te ofrece “su agua”, que es vivir su propio estilo de vida al estilo de Santa Teresa de Jesús, en la familia del Carmelo Descalzo. ¿Qué sensación se produce dentro de ti? ¿Qué te pide? ¿Para qué te llama? ¿Qué le dices? ¿Qué te dice a la respuesta que le dices?

Para finalizar la oración se invita a los jóvenes que cojan de uno de los vasos (o del interior del pozo) un papel con una frase de Santa Teresa de Jesús:

«¡Qué buen AMIGO hacéis, Señor mío! ¡Cómo nos vais regalando y sufriendo, y esperáis que nos hagamos a vuestra condición, y mientras tanto sufrís Vos la nuestra!

Con tan buen AMIGO presente, con tan buen Capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir. Es ayuda y da esfuerzo. Nunca falta ES AMIGO VERDADERO.»

«¡Qué de veces me acuerdo del AGUA VIVA que dijo el Señor a la Samaritana! Desde muy niña suplicaba al Señor me diese aquella AGUA. ¡Bendito El que nos convida a beber en su Evangelio!»

«Juntaos cabe este buen MAESTRO, muy determinadas a aprender lo que os enseñe, y Él hará que no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le dejáis.

“Tratad con Él como con PADRE y como con HERMANO, y como con SEÑOR… a veces de una manera, a veces de otra. Que Él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle».

«¡Oh Señor de mi alma, y quién tuviera palabras para dar a entender qué dais a los que se fían de Vos, y qué pierden los que se quedan consigo mismos! Por esta PUERTA hemos de entrar. No queremos otro CAMINO».

“Juntos ANDEMOS  Señor”.

Se puede concluir la oración recitando la siguiente oración:

Santa Teresa de Jesús, tu eres una mujer “conectada”. Conectada con Dios, con los demás y contigo misma. Enséñanos a no desconectarnos nunca de LA FUENTE DE AGUA VIVA QUE ES  Dios, porque teniéndole a Él en nuestro corazón tendremos la certeza de que nada nos falta. Enséñanos a no desconectarnos nunca de los demás s, de la realidad que nos rodea, de la vida que vivimos. Porque solo así sabremos ser personas de verdad.

Enséñanos a no desconectarnos de nosotros mismos. De nuestro mundo interior que es ese yo que crece y se transforma en un TÚ.

Enséñanos a tener un corazón generoso, porque así nos alejaremos de todo egoísmo y de esas preocupaciones innecesarias que nos impiden ver otra realidad mejor.

Santa Teresa de Jesús, enséñanos a caminar siempre conectados para no ser personas desconectadas.

Amén.

David Alarcón

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